Thursday, July 27, 2006

Passion de Jeanne d'Arc, La = Passion of Jean of Arc, The (1928) Carl Theodor Dreyer


SOBRECOGEDORA es la palabra que define el estado de ánimo que dejan las imágenes, y la música, de esta película. BOQUIABIERTA, porque no esperas que de una película del cine mudo y de un tema tan recurrente y poco atractivo, en principio, como es la historia de Juana de Arco, pueda extraerse tanta y tanta belleza. Y SILENCIO respetuoso, el mismo que sobreviene cuando se penetra en la magestuosidad de una catedral gótica. Pero además hablando extrictamente de modernidad y vanguardia esta película de 1928 lo es mucho más que las versiones coloreadas del mismo tema que tanto nos pasan por televisión. ¡Y no solo por cómo se mueve la cámara, qué ángulos tan espectaculares, si no también qué actuaciones, cuánta expresividad, qué autenticidad! Visualmente para mi Joanne d'Arc no será nunca más ni Ingrid Bergman ni Milla Javovick, sino Marie Falconetti. Sin desmerecer al resto de los actores, elegidos por lo que muestran los rasgos de su cara: el obeso glotón, el amargado, el tirano, los hipócritas, los mentirosos... ¡Y qué música tan bien elegida, para la edición de Criterion, que acompaña y subraya los pasajes con gran expresividad emocional!
La película narra en 83 minutos, siguiendo las Actas del Proceso Inquisitorial, los hechos de mayo de 1430, cuando Juana de Arco cae en manos de los ingleses, que ocupan suelo francés, y el gobernador elige un jurado de la Inquisición que garantice el martirio final en la plaza pública.
Cierto que la película muestra un respeto religioso a la figura de la Santa, pero como hace muy poco leí que las visiones de Hildegard, monja alemana que escribio hacia 1180, son "alucinaciones jaquecosas" según la interpretación de la neurología moderna (en Oliver Sacks "El hombre que confunduó a su mujer con un sombrero", Anagrama, pág. 212-216), no puedo dejar de preguntarme qué podía tener una mente que escucha voces e interpreta que son divinas y prefiere morir defendiendo su autenticidad, a firmar un papel en el que diga que las voces procede del diablo. Eran los tiempos. O no. También ahora mismo hay hombres y mujeres dispuestos a matar, y a morir, por una idea, o por una verdad. ¿Escucharán voces? ¿Tendrá tratamiento?
Esto... he visto, seguro, que uno de los inquisidores llevaba gafas del s.XX, pero tan exageradas que parecían las de las chicas del 1.2.3 de Chicho Ibáñez y un cáliz con un diseño tan moderno que es imposible que ni unas ni otro estuvieran puestos por despiste, ahora bien, se me escapa lo que pueden significar.

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